Resumen de las siete medidas

La mejor forma de explorar las siete medidas es seguir el orden del menú superior, pero para quienes prefieren elegir su propio camino aquí dejamos un resumen para que puedan ir directos a lo que más les interese:

  • Política sin partidos organizada en asambleas anidadas. La base de una verdadera democracia donde la mayoría mantenga el control de cada propuesta a implementar.
  • Democracia dentro de las empresas, que pasarán a ser cooperativas. Una verdadera democracia no puede excluir uno de los sitios donde más tiempo pasamos: el centro de trabajo. Acabemos con las dictaduras empresariales.
  • Inversión democrática. Una economía no es democrática si la inversión no lo es. Dispondremos de ferias, de comités de expertos y de la demanda demostrada de las cooperativas para decidir las inversiones entre todos.
  • Sueldo mínimo por cuestiones humanitarias y sueldo máximo principalmente por ecológicas. Los que alcancen el sueldo máximo, en lugar de consumir más, pedirán mejor horario, elegir sus propios proyectos, más vacaciones… Cosas más ecológicas.
  • Trabajo garantizado. Es lo que permitirá acabar con la pobreza: nadie que esté dispuesto a trabajar se quedará sin los medios para una vida digna.
  • Dinero que caduca para controlar y estabilizar la economía, evitando la acumulación y la inflación. El tempo, con su caducidad de un año, estabilizará los precios y permitirá una correlación clara con las horas de trabajo. El tempo además impedirá que se sucedan las crisis periódicas del capitalismo pese a mantener el mercado, pues los ciudadanos no pueden guardar el dinero haciendo que quiebren industrias, deben utilizarlo para algo y eso significa que si cae un sector será porque los tempos han ido a otro y no porque la gente los ha ahorrado debido a la desconfianza en el futuro.
  • Fin de la propiedad privada de las tierras y las infraestructuras para garantizar el derecho a la vivienda y la democracia dentro de las cooperativas. Las viviendas, las fábricas y las tierras serán alquiladas a los municipios por los ciudadanos y las cooperativas, financiando así la mayor parte de los servicios públicos.

Las siete medidas beneficiarían al 90% de la población española

Si tomamos el valor de los bienes y servicios producidos en España en el año 2024 (PIB de 1.59 billones de euros) y lo dividimos entre el número de trabajadores en ese periodo (unos 22 millones) obtendremos el valor medio aportado por cada trabajador: unos 72000 euros. Este número contrasta enormemente con el sueldo medio en ese año, unos 27500 euros, por no hablar del sueldo mediano y el sueldo modal, que son unos 23200 y unos 18500 euros respectivamente.

Con estos números no es difícil ver que el 90% de los trabajadores no llegan a tener 3000 euros al mes de ingresos, pero no es sólo eso: el 90% de los adultos no llega a ingresar esa cantidad sumando salario, alquiler de una posible segunda vivienda y rendimientos del capital. Con esto en mente, si se repartieran los ingresos de una forma más igualitaria (como la propuesta aquí), incluso pagando el 50% del salario en impuestos directos (10% al trabajo) e indirectos (alquiler de viviendas, locales y tierras a los municipios) cada trabajador dispondría de 3000 euros al mes libres de impuestos. El 90% de la población española aumentaría muy claramente sus ingresos con la implantación de las siete medidas.

¿Cuántas personas se beneficiarían en términos de vivienda? El 13% de los adultos en España posee más de una vivienda en propiedad. Algunos tendrán vivienda en el pueblo o en una localización difícil de monetizar por lo que es seguro que el 90% de los adultos seguiría beneficiándose en cuestión de vivienda. De hecho se estima que sólo el 5% tiene una segunda vivienda alquilada y generando ingresos.

Problemas previsibles

Con los comunistas

Pese a que el modelo en asambleas anidadas está fuertemente basado en el centralismo democrático (delegados de asambleas inferiores van a representar a sus compañeros, hay un Plan General que se vota cada pocos años…) hay ciertas diferencias que pueden hacer que los comunistas no estén del todo a bordo. Para empezar las asambleas anidadas no están bajo el control de ningún partido, por lo que podrían volverse en contra de la planificación descentralizada y a favor de mecanismos de mercado clásicos. Si un sistema tan democrático como éste prefiere esa organización económica, es mejor dársela que forzar otra (incluso si estamos convencidos de que forzar la otra sería lo mejor para todos). Además, las asambleas surgen del ciudadano, no del trabajador. Representan a habitantes de un municipio, no a trabajadores de una cooperativa. Ésta es otra diferencia esencial con las asambleas clásicas comunistas, aunque considero que no debería ser un problema que los jubilados, por ejemplo, participen de la política. Las principales diferencias políticas entre este sistema y la URSS son tres. La primera es que hay más poder político en el municipio que en la nación, tanto por cuestiones ecológicas como para seguir el principio de que las personas más afectadas tengan mayor poder de decisión. La segunda es que no se puede echar a nadie de las asambleas anidadas por no defender las decisiones tomadas por mayoría. En un partido político sí se podría, pues los partidos deben defender una posición única, pero los ciudadanos no. La tercera es que hay una mayor participación política al abrir las asambleas a todo el mundo y además no se persiguen corrientes o plataformas.

En el modelo económico también hay diferencias esenciales, aunque creo que no supondrán un problema para los comunistas. La eliminación del dinero capitalista también era un objetivo para los comunistas clásicos y la planificación descentralizada puede ser vista como una evolución natural de la planificación centralizada. En la planificación centralizada las cooperativas mandaban información a los planificadores y éstos tomaban las decisiones para hacer cooperar a todas las cooperativas. Es muy difícil gestionar cientos de miles de productos, sus precios, los sueldos de los trabajadores, otros incentivos individuales… En la planificación descentralizada todo esto se deja en manos de las cooperativas. Las principales diferencias económicas entre este sistema y la URSS serían tres. En el sistema propuesto no hay objetivos de producción e imposición de precios y salarios. Aquí las cooperativas se autogestionan y la planificación política se hace sólo a través de incentivos e inversiones. Además, sólo hay un pequeño impuesto al trabajo y todo lo demás se obtiene de los alquileres. Todo esto no quiere decir que no se puedan controlar los precios en caso de emergencia o si se considera que, por ausencia de competencia, una cooperativa está aprovechándose de todos. Tampoco significa que no se puedan poner límites a la producción, como los recortes en la extracción de recursos fósiles que ya hemos mencionado. Simplemente estas acciones no serán la norma, sino que sólo afectarán a ciertas cooperativas en momentos puntuales o por situaciones especiales.

Cabe destacar que, en este sistema, para evitar tener que imponer precios y salarios, hemos igualado lo suficiente las condiciones materiales de todos creando una moneda que caduca, un salario máximo y uno mínimo e implementando el Trabajo Garantizado. No solo todo el mundo podrá vivir de su trabajo, es que además de esta forma los precios nunca van a ser disparatados: nadie podría permitirse esos productos o servicios.

Aquí merece una mención el comunalismo de Murray Bookchin. Esta propuesta política, también conocida como municipalismo libertario, es muy semejante a lo propuesto en este texto. Toma grandes secciones del comunismo y ciertos aspectos del anarquismo y espero que cualquiera que se identifique como municipalista libertario valore positivamente este escrito. Es imposible evitar que se compare este sistema con el socialismo soviético, así que esperemos haber aclarado las diferencias lo suficiente.

Con los anarquistas

Como ya he mencionado antes, hay principios anarquistas claramente incluidos en el ecomunismo. La facilidad para cambiar delegados, la ausencia de un partido vigilante de las decisiones de las asambleas o la organización del centro de trabajo en asambleas anidadas son reivindicaciones que hacen los anarquistas. Sin duda, muchos anarquistas encontrarán en la organización con delegados y en la presencia de leyes una concesión que no pueden hacer. Lamentablemente, considero que no se puede salvar esa diferencia, igual que la votación dentro de las asambleas va a poder hacerse a mayoría y no siempre por consenso.

Aquí merece una mención la economía participativa de Michael Albert. Su organización en asambleas de consumidores (para nosotros las asambleas políticas) y productores (las asambleas de las cooperativas) se parece mucho a la propuesta descrita. Sin embargo, su iteración anual cambiando los precios de forma artificial para modificar la demanda de los productos no tiene cabida aquí.

Con los capitalistas

El concepto de propiedad está muy arraigado en el capitalismo. Por esta razón, me cuesta imaginar a capitalistas a favor de la propuesta. La gran concesión de esta al capitalismo es el mantenimiento de la ley de la oferta y la demanda. La planificación descentralizada propuesta, que también se puede entender como un mercado sin lucro, saca lo mejor de los mecanismos automáticos del mercado sin aumentar la desigualdad de forma absurda. Otra crítica al comunismo soviético que se resuelve sin dificultad aquí es la presencia de lujos. No es que en el comunismo del siglo XX no hubiera lujos, es que no se veían con buenos ojos. Necesitamos un sistema capaz de reivindicar el lujo y la distribución igualitaria al mismo tiempo, y en esta propuesta se logra este objetivo.

La economía aquí propuesta es además compatible con la propuesta decrecentista. Esta propuesta está centrada en la disminución de la producción y el consumo en las zonas donde son excesivos y en un reparto igualitario y democrático de la riqueza. Esto se propone para compatibilizar el bienestar humano con la sostenibilidad, un concepto clave en esta propuesta.

Con los temerosos de las consecuencias de un cambio brusco

Hay muchas personas que se identifican como apolíticas. En general consideramos que no tienen interés en la política y que temen que la política cambie las normas del juego cuando por fin se han hecho a ellas. Este es un miedo comprensible, pues efectivamente los cambios pueden traer dificultades inesperadas. Sin embargo, con esa actitud nunca se avanzaría, nunca se alcanzaría un futuro mejor. Si realmente tienes miedo al cambio, lo más probable es que hayas encontrado una posición cómoda en este sistema. No todo el mundo tiene esa suerte, y considero que en el sistema propuesto todo el mundo tendría una posición muy cómoda como para rechazar un cambio de sistema sólo por comodidad.

Al pensar qué es lo mejor para el conjunto, hay quienes se detienen en qué consideran lo mejor para ellos mismos. No es una mala actitud en el mundo en el que vivimos, pero a todos nos importan otras personas, es algo muy humano. Por eso muchas personas se detendrán en qué es lo mejor para ellos mismos y sus seres queridos. Esto está muy bien, no tienen en cuenta a las personas lejanas o a los desconocidos, pero si el círculo de seres queridos es lo suficientemente amplio, esto puede ayudar enormemente a elegir lo mejor para la mayoría. Aun así, lo mejor para saber si un sistema social y económico te parece mejor que otro no es pensar en ti y en tus seres queridos. Todos vivimos en nuestras burbujas sociales. Lo mejor es pensar en qué sistema preferirías nacer si fueras a nacer aleatoriamente en el mundo.

Las condiciones actuales de vida influyen mucho en la visión política. Querer mantener lo bueno para uno mismo, incluso en el caso de privilegios injustificables, es un primer instinto muy extendido. Sin embargo, si tuvieras que nacer aleatoriamente en el mundo, ¿no elegirías un mundo más justo? ¿No preferirías un mundo con mucha menos desigualdad tanto económica como política? ¿No preferirías un mundo donde la sostenibilidad fuera fácilmente alcanzable con un pequeño sacrificio por parte de cada uno de nosotros? Para nosotros nacer en un mundo como el propuesto sería nacer en el mejor de los mundos que somos capaces de imaginar. Esperemos encontrar quien comparta esta visión para convertirla en realidad.

Con la elección de un nombre para el sistema propuesto

Se han barajado varios nombres que intentan evocar las bases del sistema propuesto, pero es difícil elegir uno sin terminar mal asociado por cuestiones históricas o sin acabar siendo demasiado genérico. El primero es asamblearismo, por la importancia de las asambleas anidadas tanto en política como en el centro de trabajo. El segundo añade un apellido al nombre que intenta reflejar la forma de construir el poder de abajo a arriba y la localidad que caracteriza al ecologismo aquí defendido: asamblearismo municipalista. Con este mismo espíritu, intentando reflejar los valores clásicos de la izquierda y su unión con la ecología, también se planteó ecomunismo como opción. Sin embargo, la asociación al pasado soviético puede convertir los debates en clases de historia, y no estamos aquí para hablar del pasado, sino para construir el futuro. Hay otras propuestas posibles: tempismo refleja la importancia de la moneda asociada a la hora de trabajo, del dinero que caduca. Seguro que otros nombres se discutirán en el futuro: pensemos el mundo que queremos y dejemos el bautizo para más adelante.

De empresas a cooperativas

Suponiendo que, tras una toma del poder, ya sea ésta democrática o revolucionaria, todavía no se haya iniciado la planificación descentralizada, éste es el momento de hacerlo. Las empresas han pasado a estar bajo el control de los trabajadores a través de las asambleas anidadas. Ellos decidirán qué producir, a quién comprar, a quién vender y a qué precio poner sus productos o servicios.

¿Cómo harán las cooperativas intercambios con naciones capitalistas? Es importante poder hacerlos en caso de necesitar recursos de dichas naciones, sobre todo al principio. Podemos establecer un cambio entre los tempos y las monedas capitalistas. Lo ideal para hacer intercambios con países capitalistas es mantener una cantidad de divisas capitalistas para que las cooperativas (o los ciudadanos) puedan comprar. En resumen, las empresas de los países capitalistas pagarán con monedas capitalistas y esas divisas se usarán para que las cooperativas de nuestro sistema puedan comprar fuera del mismo. Estas divisas se repartirán entre las cooperativas que las pidan y tendrán su coste asociado en tempos. Para comprar a los capitalistas es mejor pagar con su moneda pues los tempos caducan y podrían no aceptarlos. Si se cree que pueden faltar dólares subirá el precio del dólar en tempos. Si sobran los dólares, pues baja el precio del dólar. Esta es básicamente la forma en la que ahora funciona el mercado de divisas. Desde el exterior pagarían con su moneda capitalista (en este caso en dólares). Esto es lo que hace que haya dólares disponibles para las cooperativas que quieran comprar fuera.

Como vemos no se podrá comprar a los países capitalistas por encima de lo que se les venda, pues no tendremos divisas suficientes para que las cooperativas compren. Por lo tanto, siempre será buena idea no depender mucho de ellos. Esto también nos impulsará a ser más ecológicos al acercar la producción al consumo.

El PAM

De cara a las elecciones municipales la propuesta del PAM incluiría siempre establecer las asambleas anidadas como órganos de gobierno formales del municipio. Esto puede no ser posible, pues cómo se gobiernan los municipios no está gestionado por los mismos municipios. Por esta razón, en caso de no poder establecer el gobierno utilizando asambleas anidadas, se utilizarán éstas como consejo de consulta al ciudadano. Es decir, una alcaldía del PAM respondería no sólo ante los concejales de los otros partidos, sino también ante las asambleas anidadas. En cuanto a la economía, en caso de sólo ganar en algunos municipios, no se podría establecer directamente la planificación descentralizada. Aquí lo mejor que se podría hacer sería comprar desde el ayuntamiento los terrenos y locales que se puedan y alquilarlos sólo a cooperativas con un compromiso de organización en asambleas anidadas. También se incentivará que las empresas clásicas se conviertan en cooperativas asamblearias. Se podrían dar ayudas directas a estas cooperativas para la relocalización de actividades esenciales, como las relacionadas con la energía y la alimentación. Con la vivienda se haría lo mismo, comprando y alquilando a precios asequibles a los ciudadanos. Aquí probablemente también haya problemas legales, pues se está intentando introducir una nueva economía sin haber tumbado la anterior, pero podría ser útil para experimentar con esta nueva economía.

Para las elecciones regionales (o de comunidades autónomas) tenemos unos problemas similares. Algunas regiones tienen economías lo suficientemente grandes como para hacer una transición, pero habría fuertes problemas legales y no creo que se pueda avanzar mucho más que en el caso municipal.

Las elecciones nacionales, sin embargo, sí suponen una esperanza. Aquí se podría terminar promoviendo una nueva constitución con las características antes descritas. Se podría transformar toda empresa en una cooperativa asamblearia. Por supuesto habría problemas con el resto del mundo; si tú cambias tu economía, pero los demás no, habrá roces.

Como ya hemos mencionado antes, el PAM no es sólo una oportunidad de cara a las elecciones. Es una oportunidad para organizarse de forma democrática si surge la necesidad de una Revolución. Los problemas para conseguir ejecutar legal y pacíficamente esta transición podrían ser tan grandes que la hagan inevitable.

Empresas y viviendas

Supongamos que de alguna manera nos hemos puesto de acuerdo para llevar la política con las asambleas anidadas y la economía con la planificación descentralizada. Los dueños de las empresas perderían el control sobre lo que antes era propiedad suya. También perderían la responsabilidad y la preocupación por no llegar a fin de mes, por no tener suficiente para los empleados o por los problemas burocráticos y legales que seguro encuentras al intentar llevar a buen puerto una empresa. Pese a todo habría resistencia, pero esperemos que la esperanza de vivir mejor sea suficiente para estos empresarios.

Con la vivienda la cosa es diferente. No queremos echar a nadie de la casa en la que vive. Incluso si alguien vive en una mansión no hay por qué echar a esa persona. Las personas que ya ocupan una vivienda tendrán prioridad, aunque también tendrán que pagar el alquiler, incluso si la casa ya estaba pagada. Eso sí, sólo puedes estar empadronado en una vivienda, las viviendas en las que no vivas dejan de ser tuyas. De hecho, en caso de estar en alquiler, la vivienda se la quedaría el inquilino que ya vive ahí (a los inquilinos tampoco queremos echarles de sus casas). Si no vive nadie cuenta como vivienda libre y el municipio la alquilará a los buscadores de vivienda.


Expansión, organización y prefiguración

Para poder llevar a la realidad las propuestas expuestas hace falta un largo proceso de expansión, organización y prefiguración. Tras este proceso deberíamos llegar a una situación en la que el PAM (Partido Asambleario Municipalista) y el SAM (Sindicato Asambleario Municipalista) tuvieran suficientes personas detrás como para llevar a cabo la transición de forma democrática o, si no queda más remedio, revolucionaria.

Recordemos los siete objetivos inalterables del PAM, independientemente de los pormenores que sus integrantes decidan:

  • Política sin partidos organizada en asambleas anidadas.
  • Democracia dentro de las empresas, que pasarán a ser cooperativas.
  • Inversión democrática: una economía no es democrática si la inversión no lo es.
  • Sueldo mínimo por cuestiones humanitarias y sueldo máximo por ecológicas. Los que alcancen el sueldo máximo, en lugar de consumir más, pedirán mejor horario, elegir sus propios proyectos, más vacaciones… Cosas más ecológicas.
  • Trabajo garantizado. De esta forma nadie que esté dispuesto a trabajar se quedará sin los medios para una vida digna.
  • Dinero que caduca para controlar y estabilizar la economía, evitando la acumulación, la inflación y las crisis del capitalismo.
  • Fin de la propiedad privada para garantizar el derecho a la vivienda, la democracia dentro de las cooperativas e ingresos suficientes para los servicios públicos manteniendo los impuestos bajos.

La única razón para blindar estos objetivos en los estatutos del PAM es evitar que una oleada organizada de personas con ideales no afines pueda cambiar democráticamente los objetivos del partido. Una vez lograda la política sin partidos, estos principios deberían pasar a una nueva constitución, pero siempre se podrán cambiar a través de las asambleas anidadas (o no tendríamos una verdadera democracia).

Los objetivos del SAM, el sindicato asociado al PAM serían:

  • Organizar a los trabajadores de todas las empresas en asambleas anidadas.
    • Se puede empezar organizando cosas pequeñas: horarios, vacaciones, reuniones informales de los trabajadores…
  • Representar a los trabajadores como un sindicato más.
  • Proponer mejoras de las condiciones, crear redundancias para garantizar el servicio y mejorar el negocio: nuevas máquinas, más personal, I+D…
  • Aprender a gestionar la empresa, para estar preparados cuando llegue el momento de convertirla en una cooperativa.
  • Enviar delegados a asambleas sectoriales en las que se trate la sostenibilidad, el futuro del sector y la inversión necesaria en el mismo.
  • Cuando llegue el momento deben presionar para aceptar tempos, para que los líderes de los equipos los elijan los propios equipos y para ir estableciendo una verdadera democracia donde se pueda.
  • Participar de los mecanismos de inversión del PAM siempre que sea posible.

Con todo esto en mente lo que hace falta ahora es un camino claro para poder alcanzar esta realidad.

Expansión


Para poder empezar a organizar el PAM en asambleas anidadas necesitamos que mucha gente participe. Para ello hay que empezar con un grupo pequeño que conozca y comparta los valores descritos como para iniciar la creación (todavía no oficial) del PAM. Este grupo debería empezar por discutir los estatutos básicos del partido y la estrategia de expansión. Los estatutos todavía no serán formales y los métodos prácticos no hace falta que estén definidos todavía, sólo hay que conseguir que más gente se involucre. Para ello es necesario hacer varias cosas:

  • Elegir por dónde iniciar la ofensiva. Pese a la necesidad que hay de un derecho a la vivienda, este punto es muy polémico. Sería mejor empezar con la necesidad de una verdadera democracia dentro y fuera de las empresas. No creo que sea difícil convencer de que el sistema de partidos no conforma una buena democracia y es evidente que la democracia dentro de la empresa facilitaría la vida de los trabajadores y los empoderaría, además de establecer la necesidad de una inversión pública, que también sería democrática.
  • La organización debe empezar desde un grupo pequeño de personas que harán de asamblea nacional. Conforme se logren introducir personas de distintas comunidades, estas comunidades podrían formar asambleas regionales y enviar delegados a la asamblea nacional, cambiando eventualmente el grupo original de forma democrática. Al principio sólo tendríamos una asamblea nacional y algunas regionales, pero después se empezarían a formar asambleas municipales. El objetivo es que sean las asambleas municipales las que gestionen a los integrantes, pero las asambleas regionales y nacionales también llamarán de forma aleatoria a integrantes de los municipios para comprobar que el proceso se hace debidamente.
  • ¿Cómo expandirse?
    • Creación de un correo nacional y de correos regionales.
    • Creación de un plan que no sólo lleve a la consecución de los objetivos del partido, sino que mejore la vida de las personas desde el minuto uno. Para esto hay que establecer diferentes competencias para diferentes asambleas, como se verá en el apartado de organización, pero las actividades deben incluir la expansión del modelo de democracia, el establecimiento de ayuda mutua con guarderías y cocinas colectivas, propuestas directas para mejorar el barrio y ocio autogestionado.
    • Divulgación por redes de las siete medidas, siempre con el correo visible para que puedan contactar y unirse. Esto puede complementarse con reparto de propaganda por las calles, las universidades y los centros de trabajo.

Esta fase inicial es compleja. Pasar de unos pocos a una cantidad notable de personas puede ser difícil para planteamientos tan radicales actualmente como una verdadera democracia. Además, debe dejarse ver que la intención es resolver también el problema de la vivienda, ser más ecológicos y garantizar el trabajo. La libertad, la igualdad y la democracia deben convertirse en términos de uso común.

La fase de expansión terminará cuando las asambleas municipales empiecen a crear colectivos, que luego mandarán delegados a la asamblea del bloque cuando sean muchos, o directamente en la asamblea del barrio, distrito o municipio mientras sean pocos. En resumen, la expansión terminará cuando por fin tengamos raíces en los municipios y la democracia pueda fluir de abajo a arriba.

Organización

Conforme los integrantes del PAM se vayan familiarizando con las asambleas anidadas y los planteamientos iniciales del partido (que irá detallando poco a poco la asamblea nacional y que estará resumidos en un texto público y gratuito) será hora de iniciar debates sobre esas ideas. Para empezar, se hará:

  • Una lectura (voluntaria) del libro que resume las propuestas por parte de los integrantes, con la posibilidad de cambiar lo que se quiera del texto. Vuelta a los colectivos base de todos los integrantes del partido. Si el cambio que propones en tu asamblea, en tu colectivo, gana por mayoría el delegado del colectivo lo comparte en la siguiente asamblea (bloque). Luego se repite el proceso con el barrio, con el distrito, con el municipio y con la región si hay muchos integrantes. Cada asamblea elige a los delegados que quiere, con lo que se conforma la estructura de asambleas anidadas.
  • Después la asamblea nacional elegida debe conformar el PAM como partido y establecer sus estatutos. Para esto último se consultará con las personas del partido cuyos estudios permitan aportar y se hará un referéndum interno para aprobar los estatutos. Si no se aprueban los estatutos bajarán para iniciar el mismo proceso que con el libro, así que todo el mundo volverá a los colectivos y todas las asambleas podrán volver a cambiar.
  • A estas alturas ya debería estar establecida la cuota que debe pagar cada integrante y qué hace cada asamblea. Todas ellas deberían discutir tarde o temprano el programa del PAM para las distintas elecciones e intentar enmendarlo, pero sin necesidad de volver a crear las asambleas anidadas con cada programa. El documento puede discutirse primero en colectivos, luego en bloques teniendo en cuenta lo dicho por los colectivos, luego en barrios teniendo en cuenta a los bloques y así. Aparte de los programas y la revisión de actas de las asambleas superiores, las asambleas podrían tener otras responsabilidades:
    1. Colectivos: extender el modelo de democracia consiguiendo más integrantes.
    2. Bloques: mejorar los edificios y organizar a los vecinos para que se ayuden entre sí cuidando los niños los unos de los otros y estableciendo turnos de cocina para quienes no quieran estar todos los días cocinando, entre otras cosas. Los problemas entre vecinos podrían intentar resolverse en esta asamblea.
    3. Barrio: mejoras en servicios como iluminación y limpieza, propuestas para el barrio que incluir en el programa y acción directa para la organización popular de las mejoras: hay cosas que se pueden hacer sin pasar por el ayuntamiento. Ocio popular con bailes y juegos de mesa.
    4. Distrito: mejoras al nivel del distrito como transporte y redes de electricidad y agua. Fiestas grandes (con cobro para financiar el PAM) y propuesta de nuevas cooperativas.
    5. Municipio: principalmente electoral, dedicándose al programa y al apoyo a las cooperativas.
  • Creación oficial del SAM para que pueda participar como un sindicato más en los comités de empresa. Énfasis en la democracia y en el aprendizaje de la gestión de la empresa para su posterior conformación como cooperativa.

Prefiguración

En realidad, toda la organización en asambleas anidadas ya se puede considerar prefiguración, pues están organizadas como nos gustaría que se organizara todo en el futuro. Sin embargo, se puede dar un paso más. Una vez se tiene toda la estructura mencionada, ya se tiene un intento de prefiguración de la democracia sin partidos y de la democracia dentro de las empresas, pero todavía no hay inversión democrática, cambio en la propiedad o sueldos máximos además de mínimos. El trabajo garantizado es difícil de prefigurar sin control político, aunque quizá a los integrantes del futuro se les ocurra una manera. La prefiguración de los tempos es importante porque la moneda debe estar lista en el momento de hacerse con el poder. Para cada punto, menos para el trabajo garantizado, de momento, podemos poner una forma de prefiguración:

  • Inversión democrática: los distritos pueden organizar ferias democráticas para elegir financiar nuevas cooperativas. Se podría cobrar por participar en la elección del nuevo negocio de tu barrio y con ese dinero el PAM compraría el local y lo alquilaría barato a los que hubieran propuesto la cooperativa ganadora a cambio de que fueran democráticos.
  • Cambio en la propiedad: el PAM podría comprar viviendas y hacer un alquiler barato y garantista. Como se ha mencionado también comprará locales para cooperativas, con lo que empezará el cambio en la propiedad de la infraestructura.
  • Salarios mínimos y máximos: se puede imponer a las cooperativas financiadas que no sólo sean democráticas, sino que tengan salarios mínimos y máximos.
  • Los tempos se podrían entregar a los integrantes del PAM para que los repartieran como propinas entre sus negocios favoritos. También podría el PAM vender tempos para financiarse. Los negocios que más tempos obtuvieran recibirían financiación, si bien aquellos que no fueran cooperativas podrían tener que hacer alguna concesión al SAM, o algo así. Esta sería otra forma de inversión democrática. La tercera forma de inversión democrática podría venir directamente de la financiación del SAM, de sus integrantes, para fundar cooperativas en los distintos sectores.

Con esto sólo nos quedaría el trabajo garantizado sin prefigurar. Es difícil hacerlo pues sin el control de los impuestos y sin que todas las empresas respondan ante las asambleas anidadas no es posible repartir dinero a quien no encuentre trabajo; ni presionar a las cooperativas para que publiquen los trabajos que no han cubierto con el objetivo de cubrirlos. Pero sí que allá donde esté el SAM, este podría intentar publicar los trabajos disponibles en su empresa y los integrantes del PAM podrían rellenar y entregar su CV de forma voluntaria para que cualquier integrante del SAM pudiera verlo. No es ni parecido a un trabajo garantizado, pero algo es algo.

Tras la victoria harán falta unos meses para establecer una nueva constitución y el trabajo garantizado. Si el SAM se ha extendido entre las empresas las dos últimas no serán difíciles, pues la colaboración con las asambleas anidadas una vez no haya partidos será total. Para llevar a cabo la transición económica se cambiarán a las personas y a las cooperativas euros por tempos.

Todos los detalles aquí descritos ayudan tanto a la consecución final de una revolución como a una victoria electoral, y tener en mente ambas opciones puede ser de mucha ayuda.

En el caso de ser necesaria una revolución debido a una posible ilegalización de los sistemas democráticos aquí descritos, al auge del fascismo o a cualquier otra razón, haber aprendido sobre cómo se gestionan los municipios por haber participado en elecciones puede ser muy útil. Pasa lo mismo con regiones o naciones, el conocimiento acumulado al intentar hacer planes sostenibles en cada una de estas escalas es muy valioso.

En el caso de una toma del poder electoral el haber creado ya sistemas democráticos afines en todos los niveles, inversión democrática, tempos y toda la prefiguración descrita, aportará solidez a las propuestas y allanará el camino a una implementación sencilla de las mismas. Si se ganaran las elecciones sin estas estructuras creadas sería muy complicado ponerlas a punto en un corto periodo de tiempo y probablemente la reacción arrasaría las iniciativas.


Una visión de conjunto

Ya se ha mencionado a lo largo del escrito que el 50% de los tempos se gastarán para lo público y el otro 50% para lo individual (para lo colectivo del sueldo va el 20% en el alquiler de la vivienda, 20% en el alquiler de tierras y locales para la producción y 10% de impuesto directo al trabajo). Sin duda es algo que podrán cambiar de forma democrática los ciudadanos, pero, para aclarar por qué se han elegido esos números, podemos ver cómo podrían distribuirse las horas de trabajo, es decir, los tempos, en este sistema.

Dentro de lo público tenemos las cosas a las que todos contribuimos. En total el esfuerzo porcentual podría quedarse así: 12% pensiones, 8% educación y tempos para menores, 8% sanidad, 6% vivienda, 5% inversión aparte de infraestructuras, 3,5% infraestructuras, 3% paro y Trabajo Garantizado, 1,5% bajas, 1,25% defensa y emergencias y 1,75% justicia, política y administración (incluyendo el banco público). Aquí vemos que el 50% de todo el trabajo se queda en el colectivo para asegurar una buena vida a todos los ciudadanos.

La otra cara de la moneda es la individual (ya hemos contado en lo colectivo el alquiler de la vivienda, así que en este 50% no se incluye ni ese 20% ni el que se paga indirectamente al comprar a cooperativas que tienen que alquilar tierras y locales). Dentro de este 50% encontramos gastos como: 10% en comida y bebida, 10% en transporte, 5% en suministros como luz, agua, y productos de limpieza, 5% en ropa y otras necesidades, 10% en ocio y 10% en ahorro para grandes gastos como vacaciones, muebles o un vehículo.

Aquí además queda claro que dar el 60% de los tempos medios (menos el 10% que se paga de impuestos) mediante el Trabajo Garantizado a quien no se le encuentre trabajo es simplemente garantizar que puedan llevar una vida digna. Da para comida, bebida, suministros y ropa, pero queda muy poco para algo de transporte y ocio. Es decir, hay buenos incentivos para querer trabajar.

Las personas que trabajen y reciban el mínimo para un trabajador (el 75% del sueldo medio) ya se podrán dar más alegrías. Esto es lo que cobrarían las personas jubiladas en este sistema, así que tendrán incentivos para seguir trabajando si el cuerpo se lo permite. Además, esto nos permite asegurar algo importante: no habrá ningún trabajador en este sistema cobrando menos que una persona que no está trabajando, por lo que los jubilados también pagarán el 10% de impuestos.

Con el sueldo medio de un trabajador ya uno puede plantearse vivir holgadamente y ahorrar para ciertos lujos como unas buenas vacaciones y escapadas o alguna afición que exija más recursos.

Por último, los trabajadores más valorados podrán darse lujos por encima de los demás y disfrutar de un merecido premio por su esfuerzo.

Las cifras propuestas aquí, aunque meramente orientativas, han sido pensadas para distribuir los recursos disponibles de forma que todo el mundo pueda aspirar a una buena vida y aun así se premie el esfuerzo de los que más aportan. El porcentaje del total dedicado a pensiones, paro y bajas está basado en porcentajes actuales por lo que espero que en un mundo mejor haga falta dedicar menos esfuerzo a estas cosas. También las cifras dedicadas a la administración, la justicia y la defensa se obtienen de los gastos actuales en esas áreas. Debido a la eliminación de todos los impuestos menos el del trabajo la administración puede simplificarse y quizá se puedan utilizar menos horas de trabajo ahí también.

Los números ofrecidos son fáciles de comparar con la realidad y eso nos ayudará a tener discusiones más fecundas sobre qué se puede hacer y qué no en el mundo en el que vivimos. El sistema propuesto no puede acabar siendo un sistema rígido y difícil de alterar. Los ciudadanos a través de las asambleas anidadas podrán cambiar todo lo que quieran, pero es más útil partir de una propuesta concreta, de ahí la descripción detallada de los porcentajes en este ejemplo. En el sistema propuesto los intereses de todos los ciudadanos están alineados y eso es lo único que hace falta para que ellos mismos acuerden lo mejor para todos a través de una verdadera democracia.

Propiedad personal y propiedad privada

La cuestión de la propiedad siempre ha sido espinosa. Hay detalles en los que es fácil ponerse de acuerdo. La ropa que uso, la comida que me como, los muebles de la casa en la que vivo… En estos ejemplos no hay ningún problema: son propiedad personal. Los puedes alterar como quieras, incluso dañarlos, y no afectará a nadie más. Los bienes de uso personal, los bienes de consumo, pueden ser propiedad personal sin que nadie se oponga.

Cuando pasamos a algo como una empresa, propiedad privada, la cosa cambia. Las decisiones que se tomen sobre esa empresa afectan enormemente a los trabajadores de esta, y en menor medida, a mucha otra gente. Por eso la izquierda tiene una enorme tradición en torno a la colectivización de los medios de producción. Lo mismo sucede con el uso de la tierra: qué se decida hacer con una parcela afecta enormemente a los trabajadores de esta e indirectamente puede afectar a muchas más personas si por ejemplo se deja de cultivar y hay escasez de alimentos. También podría pasar lo contrario: los dueños de la tierra podrían decidir sólo cultivar y que no hubiera viviendas disponibles. Como parte de la colectivización de la tierra hay que entender también la colectivización de las infraestructuras: no sólo de los puentes y las carreteras, sino también de las viviendas. De esta forma vemos que los derechos que sí queremos por ejemplo sobre nuestra ropa serían claramente negativos sobre hectáreas de terreno o sobre la vivienda en la que vives. No queremos que alguien pueda quedarse casas vacías habiendo gente sin vivienda sólo porque son su propiedad privada. Tradicionalmente la izquierda ha permitido la definición de la vivienda en la que habitas como propiedad personal, pero en este texto se argumentará que es más útil mantener la propiedad colectiva de las viviendas y alquilarlas de forma que se puedan bajar los impuestos y se impida que estén vacías porque quien podría usarla vive en otra parte (nadie va a pagar un alquiler si no usa la vivienda) y no se permitirá alquilar varias viviendas a una persona.

Obviamente antes de las primeras civilizaciones nuestro actual concepto de propiedad no tenía sentido. No había un Estado que pudiera garantizar tus derechos como propietario, ni había quien te vendiera la tierra porque no era de nadie. Entonces la propiedad seguía una lógica más primitiva: un territorio era tuyo porque tú estabas allí, un cultivo era tuyo porque tú lo trabajabas, una casa era tuya porque tú la habitabas. Cualquier intento de robo debía ser repelido con violencia pues con estas normas claramente alguien que te echara de esas tierras se quedaría con la vivienda, la tierra y en general el territorio. Claramente la propiedad sólo porque tú has llegado antes a un sitio o porque tú ahora mismo estás ahí tampoco nos puede parecer justa. Si nuestra máxima para la toma de decisiones va a ser que tenga más capacidad de decisión a quien más afecten las mismas, sin duda con la tierra todos debemos poder participar un poco de la decisión de para qué se usa y deberán tener derechos adicionales y mayor voz los que la habiten o la trabajen.

A partir de esta propiedad primitiva es fácil entender la utilidad de los Estados. Estos utilizarán la violencia para mantener la propiedad y se reservan además las tierras sin dueño para su uso o venta. Así ya toda la tierra se tiene que vender y comprar y es el Estado el que garantiza que puedas ejercer tus derechos como propietario. La venta por parte del Estado de la tierra o las infraestructuras, incluso por los medios más democráticos, dificulta enormemente la elección de las siguientes generaciones para controlar sus medios de vida. Cualquier representante (democrático o no) ejerce el poder por un tiempo limitado y por lo tanto no debería poder dar la propiedad de nada para siempre, sólo decidir el uso temporal mientras sea su responsabilidad. ¿Cómo puede esta persona elegir que algo que es de todos deje de serlo para siempre en lugar de limitarlo a su mandato? La respuesta es más práctica que justa. Conforme nos vamos asentando de forma sedentaria necesitamos formas ágiles de producir y distribuir: la propiedad privada de la tierra, de las viviendas y de los medios de producción era una forma sencilla de conseguirlo. Esto no significa que haya justicia en lo que se decidió, aunque seguro que repartirlo todo entre los que estaban en ese momento allí (o entre los más poderosos) pareciera razonable.Podemos hacerlo mejor: construir y alquilar las viviendas desde los municipios, transformar los medios de producción para que los controlen democráticamente los trabajadores, alquilar la tierra y repartir la inversión según demanda y decisiones democráticas.

Vivienda

Al ser una infraestructura situada en un terreno, para nosotros no puede ser propiedad privada. Esto no quiere decir que cualquiera pueda entrar en la casa en la que vives; los derechos son parecidos a los que se tiene actualmente con el alquiler. Sin embargo, hay una diferencia esencial: nadie puede echarte de ahí mientras pagues. No hay un dueño que pueda reclamar la casa y el municipio tampoco tendrá derecho a hacerlo.

¿Hay espacio suficiente para una buena diversidad de estilos de vida en este modelo? Aunque dependerá de las decisiones democráticas de esta sociedad, en este texto se defiende que cada trabajador pagará más o menos el 20% del salario medio en vivienda. Asumiendo un salario medio de 120 tempos al mes esto significa que una vivienda unipersonal de una o dos habitaciones tiene un alquiler de unos 24 tempos: dependiendo de la cercanía al centro, el tamaño, si está reformada o no puede ser un poco más o un poco menos. El precio final lo decide el municipio. Una casa para una familia, con tres o cuatro habitaciones, tendrá un coste del 20% de dos sueldos medios más o menos. Si esta familia quiere algo más grande podrá optar por algún chalet, pero deberá pagar más por ello, el 30% de dos sueldos medios, por ejemplo. Por supuesto, no es obligatorio ser una familia para tener una casa de tres o cuatro habitaciones, si está dispuesta a pagar el 40% de su sueldo una persona podría alquilar este tipo de vivienda.

¿Cómo podría funcionar una inmobiliaria de alquiler público? Cada buscador de vivienda (o grupo de buscadores de vivienda si quieren vivir juntos) debe hacer una lista con las preferencias para su vivienda deseada: barrio en el que prefieren vivir, tamaño de la casa, número de habitaciones, recientemente reformada, con terraza, con jardín… Esta lista debe estar ordenada pues las primeras preferencias tendrán más valor que las siguientes. Desde la política se decide qué preferencias se pueden poner y cuáles no y la Comisión de Vivienda (CdV) se encarga de recoger la lista ordenada de preferencias y de catalogar las viviendas para comprobar qué preferencias cumplen y cuáles no. Desde la inmobiliaria te enseñarían las casas que mejor casan con la lista de preferencias primero hasta que te decidas por alquilar alguna.

Lo mejor de este sistema es que el municipio tendrá listas de preferencias con las que hacer estadística y dirigir los esfuerzos de construcción y reforma de viviendas. Sabrán en qué porcentaje importa la terraza, en cuál el jardín y en cual principalmente importa que esté reformada.

Es posible intercambiar viviendas si todas las personas que las habitan están de acuerdo con el cambio. Aquí hace falta consenso, no nos vale con la mayoría pues consideramos mucho peor sacar a alguien de una casa en la que quiere estar que evitar que otras personas consigan la casa que prefieren.

Además, debe haber siempre disponibles apartamentos individuales (tipo hotel o residencia de estudiantes) para una persona que quiera dejar de convivir con otra. Esta persona no debería tener que esperar para mudarse, por lo que debe haber habitaciones disponibles. Si esta persona no quiere ir a estos apartamentos individuales siempre puede quedarse con amigos.

¿Se puede disponer de dos viviendas? La sociedad del futuro tendrá que poner las normas que considere adecuadas, pero lo más lógico sería diferenciar los derechos sobre la primera vivienda (nadie puede sacarte de ahí mientras pagues), de la segunda (si faltan viviendas podrían pedirte que te fueras en unos meses y sólo permitir alquiler de primera vivienda). Así, si alguien lo desea, puede alquilar una segunda vivienda donde no haya problema para conseguir una, pero si el municipio decide que empiezan a faltar o que las necesita para otra cosa estas personas que ya tienen otra vivienda no tendrán prioridad. De esta forma nadie podría tener una casa en Madrid y otra en Barcelona, pero no habría problema para mantener la casa del pueblo.

Tierras e infraestructuras para las cooperativas

Igual que en el caso anterior, el municipio pondrá un alquiler sobre las tierras, los locales y las fábricas dentro de su territorio. En el ejemplo de este texto ese alquiler es aproximadamente el 20% de un sueldo medio por cada trabajador de la cooperativa, aunque puede subir o bajar dependiendo de la situación, el tamaño o el estado del local o la tierra.

En esta sociedad (y en la actual) puede suceder que a una cooperativa le vaya muy bien y quiera expandirse, pero el local de al lado esté ocupado. Vamos a permitir que las cooperativas negocien un pago a cambio de que les cedan el alquiler del local contiguo, y ese pago seguro incluirá la mudanza de la cooperativa contigua a otra parte y una compensación. Pero la decisión final será de la cooperativa contigua y, si no quiere irse, sus derechos priman, pues igual que en el alquiler de vivienda no queremos que nadie pueda echarte de tu casa, en tu trabajo no queremos que nadie pueda echarte de tu local.

Conclusiones

La municipalización de las tierras y las infraestructuras nos lleva a varios efectos interesantes. Podemos mantener unos grandes servicios públicos con un solo impuesto del 10% sobre el trabajo debido a que la mayor parte de los ingresos públicos vienen del alquiler de viviendas, tierras y locales. Además, mantendremos el control sobre los recursos que no estén utilizados: no dejaremos abandonado nada que queramos aprovechar. Finalmente, este modelo de propiedad municipal nos permite eliminar la deuda. No es imprescindible para construir una utopía, pero los préstamos no son necesarios en esta sociedad pues los gastos más grandes (la vivienda y la inversión en un negocio) están colectivizados y regulados. Para gastos medios como la compra de un vehículo, se podría optar por un alquiler con opción a compra tras unos años. Esto no sería una deuda, pues en un alquiler siempre puedes devolver el vehículo y dejar de pagar. Aquí vemos que no sólo podemos acabar con el interés compuesto en la deuda gracias a la estabilidad del valor del tempo, si la sociedad lo desea, podemos acabar con la deuda en su totalidad.

Planificación descentralizada

La educación, la sanidad, la justicia, mantener a las personas que no pueden trabajar, las bajas, la construcción de viviendas, el mantenimiento de las infraestructuras comunes, la inversión para dirigir la sociedad de forma democrática… Estas cosas debemos pagarlas entre todos. Pongamos que el 50% de las horas de trabajo agregadas finales se utilizan para esto en este modelo económico que podríamos llamar planificación descentralizada. Puede parecer mucho, pero la mayor parte se paga de forma indirecta con el alquiler de la casa a nivel personal (aproximadamente un 20% del sueldo, dependiendo de la casa que elijas) y de la fábrica o las tierras a nivel laboral (aproximadamente un 20% de un sueldo medio por trabajador, dependiendo también de lo que la cooperativa elija). Además, no se está llevando un empresario un gran porcentaje de lo que generas con tu trabajo. Con esto sólo nos queda un impuesto del 10% sobre el trabajo, así que la mayoría tendría más capacidad adquisitiva que ahora. Además, el 50% colectivo también estará bajo estructuras democráticas de control a través de las asambleas anidadas e influiremos en cómo se utiliza ese dinero. Nos gustaría que todo lo que fuera una necesidad, o todo lo que consideráramos un derecho, estuviera incluido entre los servicios públicos. Por ejemplo, no nos gustaría que entre las cooperativas hubiera distintos seguros de sanidad y que unos cubran unas cosas y otros otras. Es mejor que todo se cubra a todos. No queremos que nadie se muera por no haber acertado a la hora de elegir un seguro sanitario.

Gracias al tempo y al origen descrito de los impuestos, el mercado negro será pequeño. A cambio de ese 10% sobre el sueldo un ciudadano tiene acceso al paro y a los tempos que duran entre 12 y 14 meses: es un buen trato. Legalmente no se perseguirá a quien no monte oficialmente una cooperativa y viva con los tempos que caducan al final del trimestre, pero está de forma natural muy desincentivado. Además, los consumidores que compren de esta manera no tienen garantía, ni ticket, lo que también desincentiva esta modalidad. Sin embargo, no debe perseguirse, porque ayudará a probar nuevos posibles negocios o a ganarse un extra si se desea algo de forma excepcional.

Una propuesta más concreta de planificación descentralizada

Dejemos que las cooperativas pongan los costes (los precios los fijan ellas). Al acabar el mes sólo hay que ver los tempos conseguidos por las cooperativas y comprobar si han mejorado o no respecto al mes anterior para repartir los incentivos municipales.

Las cooperativas podrán unirse con otras cooperativas formando confederaciones según las cuales los incentivos se calculen usando los resultados conjuntos. Esto complica ciertos cálculos para las asambleas, pues puede haber confederaciones intermunicipales, pero incentiva la cooperación de cooperativas mientras cada una de ellas lo considere beneficioso.

Las propias cooperativas envían los tempos a sus empleados bajo las restricciones de salario mínimo y máximo y que la suma de los salarios coincida con lo que se permite repartir: normalmente un salario medio por cada trabajador. La pequeña desigualdad que puede surgir, unos cobrando un 15% más que la media y otros un 15% menos como máximo (por ejemplo) es algo que nos podemos permitir. Además de incentivos individuales, tendremos incentivos colectivos para cooperativas (permitir dar desde el municipio un 10% más o un 10% menos de sueldo a los cooperativistas según la demanda). Aquí vemos que el máximo que podrá repartir una cooperativa en tempos para sueldos es el 110% del sueldo medio multiplicado por el número de cooperativistas.

Todo lo que los ciudadanos van a percibir gratuitamente en el ejemplo de este texto, como la sanidad, también tiene unos tempos asignados. Pero su forma de tener en cuenta la demanda no es con tempos sino interna. Los tempos de un hospital van a ir a cooperativas que nada tienen que ver con los Servicios Públicos Universales a través de sus compras, por lo que las contrataciones también formarán parte del día a día de un hospital. La autogestión de estas cooperativas de carácter público y gratuito se llevará a cabo de la misma forma que en el resto de las cooperativas, aunque la demanda no se medirá en tempos u horas agregadas sino con otros métodos como la medida de tiempos de espera de pacientes, o el porcentaje de éxito de las intervenciones médicas. A partir del nivel municipal las asambleas de los Servicios Públicos Universales estarán formadas a partes iguales por los delegados de los trabajadores y los delegados de las asambleas políticas para garantizar el control democrático de los impuestos de los ciudadanos.

En este sistema cabe destacar que, si se elige acabar con la existencia de la deuda, las horas de trabajo agregadas utilizadas en productos o servicios finales (los que compran los ciudadanos y no las cooperativas) deben coincidir con las horas que trabajan todos los integrantes de esta sociedad. Las horas agregadas finales nos dan un límite objetivo para nuestra contabilidad. Esto, junto a su caducidad, hace que el valor del tempo sea muy estable en el tiempo.

Más sobre los tempos

Como ya hemos mencionado antes, todo el efectivo que se saca del banco tiene como fecha de caducidad el final del trimestre más cercano, para evitar el mercado negro y el fraude. Aquí habría que hacer que en las dos últimas semanas se pudiera sacar efectivo del siguiente trimestre (para evitar colas) y las cooperativas aceptarían tempos del siguiente trimestre durante esas dos últimas semanas. De esta manera el efectivo está pensado para gastar, no para acumular, y así el trabajo en negro se ve muy desincentivado. Otra característica clave para evitar un mal uso de los tempos es que no mantengan cambio en las cooperativas. Si quieres pagar con efectivo debes llevar el dinero justo (o pagar de más claro). Con eso en mente, y teniendo en cuenta un cambio aproximado de 1 tempo = 40 euros, yo aconsejaría tener billetes de 1 cento (0.4 euros), 10 centos, 1 tempo, 2 tempos y 5 tempos. Tener más tipos de billetes podría hacer el pago en efectivo innecesariamente complicado, pero se podría hacer. Todo el dinero está compuesto por billetes, pues se van a destruir al final del trimestre y no tiene sentido hacer monedas que duren tan poco.

El pago con tarjeta, como ya es habitual, sería mucho más cómodo. Las tarjetas pagarían automáticamente con los tempos que antes se fueran a caducar. De hecho, al sacar el dinero en efectivo del banco, este también te daría de los tempos que antes se fueran a caducar. Así que, en resumen, siempre que pagues vas a utilizar los tempos que antes vayan a caducar de forma automática.

Mercado sin lucro

Otra forma de percibir la planificación descentralizada sería como un mercado donde se ha eliminado el lucro de los capitalistas. El sistema propuesto incluye ciertas características del mercado, como el libre intercambio de bienes y servicios entre cooperativas y entre ciudadanos y cooperativas. El mercado, en su definición más amplia, no incluye el lucro de las empresas. Con esto en mente la planificación descentralizada puede considerarse un sistema de mercado sin propiedad privada de los medios de producción y sin lucro.

Tanto el concepto de planificación como el de mercado están fuertemente asociados a una forma concreta de economía en la mente de la mayoría de nosotros. Los que tengan un particular rechazo al actual concepto de mercado libre, a la enorme desigualdad generada, a la tiránica jerarquía de las empresas y en general a la propiedad privada de los medios de producción, considerarán particularmente malo que este sistema pueda ser considerado un mercado. Sin embargo, cabe preguntarse si esto no es simplemente debido a las asociaciones que hacemos en nuestras cabezas. Las peores características del mercado se han eliminado, ¿Por qué no quedarnos con lo demás? Los mismo pasa en el sentido contrario. Para los capitalistas el mercado es la única forma de economía razonable. Sólo por haber elegido el nombre de planificación descentralizada sé que va a haber muchos que no van a molestarse ni en pensar si el modelo económico propuesto es viable o no. No tiene nada que ver con la experiencia o el conocimiento, las palabras están demasiado cargadas para evaluar los conceptos. Probablemente debería intentar encontrar un nombre que incluya tanto las características de la planificación (planificación a grandes rasgos de la economía desde las asambleas anidadas, inversión e innovación democrática, servicios públicos gratuitos…) como las del mercado (decisión de producción y precios por parte de las cooperativas, incentivos para aumentar demanda y productividad, planes fuertemente descentralizados debido a la independencia de las cooperativas…). No sé cómo podría mejorar más el modelo económico sin terminar dejando que una élite elegida democráticamente moviera toda la economía y por tanto manteniendo a los trabajadores en una posición de obediencia (parecida a la que tienen ahora frente al dueño de la empresa en la que trabajan).

Además de lo ya mencionado esta propuesta económica tiene algunas características positivas tanto para el ciudadano como para el mercado que permiten una mejor planificación. Al encontrarnos con un tope en la cantidad de tempos a gastar, tanto debido a que se reparten proporcionalmente al número de horas de trabajo que los ciudadanos aportan como a que caducan, la estabilidad de esta moneda es muy grande. Sólo cambiarán los precios si hay prohibición o agotamiento de ciertos recursos y los sustitutos son más caros o si se aumenta la productividad gracias a la tecnología. Ambas razones para cambiar los precios son compatibles con nuestros valores y no permiten que nadie se aproveche para enriquecerse ilícitamente.

Cómo evitar abusos al sistema

Para que la mayoría esté de acuerdo con cosas como una moneda que caduca y un sueldo máximo, tenemos que poder garantizar que estas normas se cumplan.

¿Cómo evitar que las cooperativas cojan tempos a punto de caducar de alguien, los procesen en el banco como ingresos y se lo den a ese ciudadano para evitar que su dinero caduque? Las cooperativas no deberían manejar tempos en efectivo. Actualmente podrían hacerlo todo con tarjeta y no podrían hacer transferencias a un ciudadano salvo para los sueldos, que están limitados. Si por alguna razón no hubiera tarjetas las cooperativas harían transacciones bancarias para pagos grandes y usarían cheques para pagos más pequeños. Estos cheques los vendería el banco a las cooperativas con el código asociado a la misma, el importe escrito en cada cheque y el nombre del miembro de la cooperativa que los puede usar. Como son personales valdría con enseñar el DNI para efectuar el pago. Para mayor seguridad, si una cooperativa no pide el DNI al cobrar con un cheque, podría ser sancionada. Estos cheques caducarán igual que los tempos, dentro del trimestre en el que se compren, y permitirían el seguimiento del lo gastado por la cooperativa.

Podría suceder que en las cooperativas que reciban muchos tempos los cooperativistas los cojan y los puedan gastar ese mismo mes, incrementando de forma ilícita su salario. Si queremos que no se puedan reutilizar, quizá lo más sencillo fuera que los bancos vendieran cajas de tempos de uso obligatorio para que las cooperativas las mantuvieran, pero no pudieran abrirlas, y luego se enviaran periódicamente al banco para el recuento de tempos y el ingreso en la cuenta de la cooperativa. Los ciudadanos sólo tendrían que ver que realmente los cooperativistas introducen los billetes en la ranura de esas cajas para estar seguros de que no están cobrando de más de forma encubierta. Con esta medida la inspección oficial podría ser simplemente pasearse por tiendas para comprobar que se usan dichas cajas, una forma sencilla de comprobar que todo el mundo cumple.

Otras medidas útiles:

  • Inspecciones periódicas y aleatorias. Al igual que ahora, las cooperativas deberán mantener los tickets, facturas y contratos del último año por si hay una inspección. Si se encuentra fraude con los tempos se podría sancionar económicamente a toda la cooperativa y afectar al sueldo de todos los cooperativistas. Lo principal es evitar que varias cooperativas conspiren para ahorrar más de un año fingiendo compraventas entre ellas: con una inspección esto es fácil de descubrir. En general se revisarán transacciones en las que una cooperativa compra a otra y esta a su vez a la misma. Aquí es probable que haya intento de fraude.
  • Normas que eviten la devolución del dinero (salvo cierre de la cooperativa o denuncia) para evitar aumentar la duración de los tempos de forma encubierta. La idea sería que todas las devoluciones tuvieran que hacerse a cambio de otro producto de la cooperativa.

Además de estas normas hay que tener en cuenta la presión que ejerce la competencia entre cooperativas. La inversión en mejoras o aumentos de la producción está muy incentivada en comparación con el ahorro, pues si en lugar de mejorar guardas el dinero tus competidores acabarán superándote en calidad o en precio y tu demanda caerá.